El peyote y el San Pedro tienen historias paralelas que nunca se tocaron: el primero en el desierto de Chihuahua y las llanuras de Norteamérica, el segundo en los Andes. Ambos se usan desde hace milenios, ambos fueron perseguidos en la época colonial y ambos tienen hoy una protección legal ligada a sus pueblos de origen.
La línea del tiempo, lado a lado
| Época | Peyote (Norteamérica) | San Pedro (Andes) |
|---|---|---|
| Hace miles de años | Botones de peyote de la cueva Shumla 5, Texas, fechados entre 3780 y 3660 a. C. | Restos de la cueva del Guitarrero, Perú, de hace unos 8.600 años, según el Ministerio de Cultura peruano |
| Primer milenio a. C. | Primeras imágenes en la piedra de Chavín de Huántar y en cerámica Cupisnique | |
| Siglos I a VIII | Cerámica moche con escenas rituales | |
| Siglo XVII | Edicto de la Inquisición de la Nueva España contra el peyote, 1620 | Persecución colonial y procesos en el siglo XVIII |
| Siglo XX | Native American Church de Oklahoma, 1918 | Estudios sobre el curanderismo desde 1911 |
| Hoy | Ley de libertad religiosa indígena en EE. UU., 1994; Wirikuta, Patrimonio Mundial en 2025 | Patrimonio Cultural de la Nación en Perú, 2022 |
Peyote: cinco mil setecientos años de uso
Los indicios más antiguos son dos botones de peyote hallados, según todo indica, en la cueva Shumla 5, junto al río Bravo, en Texas. La datación por radiocarbono los sitúa entre 3780 y 3660 a. C., y el análisis encontró mescalina en ambos: el peyote ya se usaba hace unos 5.700 años (El-Seedi y otros, 2005).
Los wixárika y Wirikuta
Para los wixárika, o huicholes, el peyote (hikuri) ocupa el centro de la vida religiosa. Uno de sus ritos más conocidos es la peregrinación a Wirikuta, en el desierto de San Luis Potosí, a más de 400 km de sus comunidades (ICEERS). En julio de 2025, la UNESCO inscribió la "Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados a Wirikuta" como Patrimonio Mundial (INAH).
La Inquisición
Tras la conquista, el uso del peyote se persiguió. En 1620, la Inquisición de la Nueva España publicó un edicto contra su uso, como recoge la tesis de Frost sobre las plantas alucinógenas en el México colonial (Universidad de Virginia). El uso no desapareció, como muestra la tradición wixárika actual.
La Native American Church
En Estados Unidos, el 10 de octubre de 1918, una coalición de varias tribus registró legalmente su religión como Native American Church de Oklahoma (Oklahoma Historical Society). Hoy el uso ceremonial está protegido por una excepción federal al reglamento de drogas y por la ley de 1994 que ampara el uso tradicional por indígenas (ver legalidad).
San Pedro: el cactus de los curanderos andinos
La historia del San Pedro está bien documentada en la resolución con la que Perú lo declaró patrimonio en 2022 (El Peruano). El documento cita restos en la cueva del Guitarrero, en el Callejón de Huaylas, de hace unos 8.600 años, y sitúa las representaciones más antiguas en la piedra de Chavín de Huántar y en la cerámica cupisnique del primer milenio antes de nuestra era.
La cerámica moche, de los siglos I a VIII, muestra escenas rituales con el cactus, y en tumbas de élite se han hallado restos de plantas rituales (Bussmann y Sharon, 2006).
Persecución y supervivencia
Como el peyote en México, el San Pedro fue perseguido durante la colonia. La resolución peruana menciona informes de jesuitas y procesos judiciales del siglo XVIII en Cajatambo, Ferreñafe y Cajamarca. El nombre actual se suele explicar por San Pedro, el que guarda las llaves del cielo.
La mesa del curandero
En el norte de Perú, el curanderismo con San Pedro sobrevivió hasta hoy. La resolución de 2022 describe la mesa, el conjunto de objetos que el curandero dispone para la ceremonia, y declara Patrimonio Cultural de la Nación "los conocimientos, saberes y usos tradicionales" del cactus en esa práctica. Separa expresamente ese uso del consumo recreativo y del turismo.
Dos tradiciones, un mismo alcaloide
En las dos tradiciones el cactus forma parte de un ritual con reglas propias, y la resolución peruana distingue ese uso del recreativo. Quien compra hoy un peyote de vivero o un esqueje de San Pedro como planta de colección tiene en la maceta un trozo de esa historia, y también la responsabilidad de no contribuir a la sobrecosecha de las poblaciones silvestres.
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